CONGRESO | El presidente Fernández pronunció su tercer discurso en la apertura anual de las sesiones legislativas

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El presidente Alberto Fernández inauguró hoy el 140° período de Sesiones Ordinarias del Congreso, el tercero desde el inicio de su mandato en 2019, con una intervención de una hora y cuarenta minutos de extensión ante un recinto repleto en el que las normas de distanciamiento social se relajaron ante el retroceso de los contagios en el país.

Por estas flexibilizaciones, varios de los legisladores se quitaron el barbijo en plena Asamblea Legislativa y unos pocos presentes mantuvieron las normas. Entre ellos, los cuatro integrantes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz.

Se trata de la primer apertura de sesiones ordinarias de Fernández en lo que empezó a ser la «pospandemia» de coronavirus.

De hecho, los controles de temperatura y el rociado de manos con alcohol estuvo ausente de esta edición. En los palcos y en el propio hemiciclo se podían ver abrazos y besos entre las personas y el distanciamiento social era mínimo.

Tampoco se mantuvieron las normas de cuidado en la Plaza del Congreso, donde las columnas de militantes que fueron llegando desde temprano se apostaron para ver y escuchar el discurso que era transmitido al exterior del Palacio Legislativo.

El control de seguridad en los alrededores, en cambio, fue más exhaustivo. La Policía de la Ciudad, en conjunto con la Federal, organizó un vallado que rodeaba el Congreso por las calles Bartolomé Mitre, Rodríguez Peña, Belgrano, Sarandí y Juncal.

Sólo podían pasar los que tuvieran credencial para presenciar la Apertura de Sesiones y los vecinos de las casas aledañas al Parlamento.

Durante los casi cien minutos de la Asamblea, Fernández no dejó de leer el discurso que trajo escrito y no se dio lugar para improvisar ante un recinto repleto y que contó con las presencias de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, vestida completamente de blanco; el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, con traje azul (ambos junto al primer mandatario), y la titular Provisional del Senado, Claudia Abdala Ledesma de Zamora, de rosado.

Frente al estrado se ubicaron en semicírculo los senadores del Frente de Todos (FdT), entre los que se mezclaron aliados como la riojana María Clara del Valle Vega y el rionegrino Alberto Weretilneck.

Las bancas vacías del PRO, solo quedó el legislador Facundo Manes quien aseguró, vía Twitter, que «la Argentina que se viene, será de los que nos quedamos»

A pocos metros del Presidente se sentaron, estratégicamente, los diputados macristas Fernando Iglesias y Waldo Wolff, quienes a minutos de iniciada la ceremonia comenzaron a cuestionar en voz alta al mandatario, lo que generó protestas de algunos senadores como Juliana Di Tullio y Marcelo Lewandowsky, quienes repetidamente les reclamaban que se callaran.

Fernández hizo caso omiso a las provocaciones y continuó con su discurso, incluso cuando los legisladores de PRO se levantaron y dejaron sus lugares en protesta por la mención presidencial al avance de una causa contra los funcionarios del Gobierno de Juntos por el Cambio que resolvieron adquirir la deuda con el Fondo Monetario Internacional.

En ese momento, el jefe del interbloque de senadores de Juntos por el Cambio (JxC), el mendocino Alfredo Cornejo, le gritó al presidente: «Alberto, conseguí los votos para aprobar el acuerdo. No seas mentiroso».

«Yo no miento, Alfredo», le respondió Fernández sin perder la compostura. Aunque ese no fue el único cruce de palabras con la oposición.

Apenas iniciada la ceremonia, y antes de que la vicepresidenta Fernández de Kirchner pidiera pasar a un cuarto intermedio para que las Comisiones de Interior y de Exterior recibieran al Presidente, los jefes de las bancadas de JxC reclamaron insistentemente la palabra.

La presidenta del Senado hizo caso omiso y continuó con la ceremonia, lo que generó algunos reclamos del formoseño Luis Naidenoff y del cordobés Mario Negri hacia sus colegas del oficialismo José Mayans y Germán Martínez.

Cuando Fernández ingresó al hemiciclo, los opositores continuaron con sus reclamos.

«Nunca ha ocurrido esto. Queremos pedir un minuto de silencio por las muertes en Ucrania», le gritó Negri al mandatario, a lo que Fernández respondió: «Tranquilo mi querido diputado. Déjeme empezar».

A continuación, Fernández pidió un minuto de silencio por las víctimas del conflicto en el país europeo.

«Gracias, Presidente», se escuchó desde el interbloque de la principal coalición opositora.

Tras la salida del PRO del recinto, el discurso continuó con la mayoritaria presencia del Frente de Todos y la asistencia de la UCR y la Coalición Cívica, lo que generó una atmósfera más favorable para el mandatario, que en ese tramo de su discurso se centró en las críticas al trabajo de la Justicia.

En ese momento, todos los ojos giraron hacia los rostros de los cuatro integrantes de la Corte Suprema, que no movieron un solo músculo.

Pese a la beligerancia entre bancadas, hasta la llegada del presidente Fernández se podía observar un clima de camaradería entre oficialistas y opositores.

Ni siquiera la decisión de JxC de pegar sobre sus bancas pancartas con los colores de la bandera ucraniana y de fotos de los incendios en Corrientes rompió la «buena onda».

De hecho, se pudo ver cómo se sacaban una selfie los jefes de los bloques del radicalismo, Luis Naidenoff, y del FdT, Mayans, con la oficialista mendocina Anabel Fernández Sagasti; o el saludo, aunque un tanto frío, del senador jujeño Guillermo Snopek con los miembros de la Corte Suprema.

El senador oficialista, en cambio, prefirió no cruzarse con su cuñado, con quien tiene profundas diferencias políticas, el gobernador radical de Jujuy, Gerardo Morales, quien se ubicó junto con el resto de sus colegas que viajaron a Buenos Aires: Alberto Rodríguez Saá, de San Luis; Alfredo Zilliotto, de La Pampa; Sergio Uñac, de San Juan; Axel Kicillof, de Buenos Aires; Ricardo Quintela, de La Rioja, y Oscar Herrera Ahuad, de Misiones. ||| Fuente: Télam Foto: Fernando Gens