El dirigente del gremio Camioneros, Pablo Moyano, oficializó este viernes su renuncia al cargo de secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT). La decisión fue comunicada a través de una carta breve en la que el sindicalista expresó su desacuerdo con las decisiones adoptadas por la «mesa chica» que lidera la central obrera, integrada por Héctor Daer (ATSA) y Carlos Acuña (SOESGyPE).
En el texto difundido, Moyano justificó su alejamiento por la falta de coincidencias con las estrategias definidas: «He tomado la decisión de renunciar a mi cargo como Co-Secretario General de la Confederación General del Trabajo, al no coincidir con las decisiones tomadas por la llamada ‘mesa chica'».
Tensiones internas y diferencias estratégicas
La relación entre Moyano y el resto de la conducción venía mostrando fisuras desde hace meses. Las diferencias giraban principalmente en torno a las estrategias de protesta y las negociaciones con el Gobierno de Javier Milei. Mientras que Héctor Daer y Carlos Acuña han optado por mantener un diálogo más conciliador con el Ejecutivo, Moyano se inclinaba por medidas de mayor confrontación, alineadas con su perfil combativo.
Este distanciamiento refleja las tensiones internas que atraviesa la CGT, en un contexto donde las demandas sociales y laborales se intensifican frente a las políticas de ajuste económico impulsadas por el Gobierno.
Escenarios futuros
La renuncia de Moyano deja en evidencia la fragmentación dentro del sindicalismo argentino, que enfrenta el desafío de unificar criterios en un escenario económico y político complejo. El rol de la CGT como mediador y representante de los intereses de los trabajadores podría verse afectado por estas disputas internas.
Por el momento, ni Daer ni Acuña han emitido declaraciones oficiales sobre el alejamiento de Moyano. Resta por ver cómo este hecho impactará en la dinámica de la central obrera y en su capacidad de articular respuestas frente al ajuste económico y los desafíos laborales.