El huracán Melissa, entre la devastación y esperanza en el Caribe

El ciclón más potente en casi dos siglos arrasó Jamaica, Cuba, Haití y República Dominicana, dejando una dramática secuela de muertes, desplazados y destrucción. La respuesta internacional y la organización local limitaron daños, pero el impacto económico y ambiental será duradero.

El huracán Melissa ha dejado una huella imborrable en su paso por el Caribe tras convertirse en el ciclón más poderoso que ha azotado la región en 174 años. Jamaica fue la primera en sufrir su furia: miles de familias perdieron sus hogares y más de un millón y medio de personas resultaron afectadas. Los daños en infraestructura, la falta de electricidad y la pérdida de vidas humanas marcaron días de miedo y resistencia.

En Cuba, se vivió “la noche más larga” entre inundaciones severas y evacuaciones masivas que evitaron víctimas fatales directas, gracias a una respuesta anticipada con la protección de infraestructura y grupos vulnerables. Más de 700.000 personas fueron realojadas en las provincias orientales, y los equipos de rescate continúan con la labor.

Haití, de las naciones más pobres de América, padeció la peor parte del desastre, con al menos 40 muertos y 10 desaparecidos, mientras República Dominicana y Panamá reportaron víctimas y daños. El lento desplazamiento de Melissa agravó sus efectos destructivos, con marejadas ciclónicas de gran tamaño.

Expertos meteorológicos destacan que el huracán desafió patrones habituales, intensificándose cerca de la costa y dejando daños incalculables. Economistas advierten que la destrucción podría retroceder el PBI de varios países caribeños hasta una década.

La ONU, la OEA y otros organismos liberaron ayuda urgente, en tanto las autoridades locales demostraron la importancia de la alerta temprana y la coordinación para salvar vidas. A nivel ambiental, Melissa fue catalogado como el evento más intenso del año, agravado por la crisis climática que favorece tormentas más destructivas.

Historias de resiliencia y solidaridad emergen en comunidades afectadas, que enfrentan ahora el reto de reconstruir. El fenómeno sigue avanzando, degradado a categoría 2 hacia Las Bahamas, pero la alerta persiste en muchas regiones.

Gonzalo Goro – Redacción Diario de Punilla